Evangelio del Día 26 de octubre del 2020

Evangelio Según San Juan 3: 1-15

Había un fariseo llamado Nicodemo, que era un hombre importante entre los judíos. Este fue de noche a visitar a Jesús, y le dijo: Maestro, sabemos que Dios te ha enviado a enseñarnos, porque nadie podría hacer los milagros que tú haces, si Dios no estuviera con él. Jesús le dijo: Te aseguro que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le preguntó:

¿Y cómo puede uno nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso podrá entrar otra vez dentro de su madre, para volver a nacer? Jesús le contestó: Te aseguro que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de padres humanos, es humano; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te diga: Todos tienen que nacer de nuevo. El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu.

Nicodemo volvió a preguntarle: ¿Cómo puede ser esto? Jesús le contestó: ¿Tú, que eres el maestro de Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen lo que les decimos. Si no me creen cuando les hablo de las cosas de este mundo, ¿cómo me van a creer si les hablo de las cosas del cielo?

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo; es decir, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Cuando Jesús hacia énfasis en que debemos volver a nacer, significaba que era a través del Bautismo en el Espíritu Santo, realmente era difícil entender muchas parábolas de las que hablaba Dios si no estaban llenos de sabiduría, sin embargo Jesús con pasión y humildad les explicaba todas estas cosas para que se arrepintieran de corazón, se volvieran de sus malos caminos, y lo siguieran; de esta manera le daba una segunda oportunidad para que buscaran el camino de correcto y no volvieran a pecar.

Jesús era experto en enseñar a las personas las cosas importantes de este mundo para que pudieran entender las cosas celestiales. Cuando somos Bautizados en agua a través de la Santísima trinidad, (Padre, Hijo y Espíritu Santo), quiere decir que estamos dejando el viejo hombre atrás y estamos volviendo a nacer con una vida renovada, una vida pulcra y sin manchas para agradar a Dios.

Este es un paso muy importante en la vida del ser humano, recordemos que debemos seguir el ejemplo de Jesús al 100%, y así como él se bautizó en las aguas del río Jordán, así mismo debemos nosotros bajar a las aguas y salir llenos de Dios (bautizarnos).

Sabemos que no es fácil, pero si Jesús siendo humano pudo resistir todas las tentaciones que tuvo aquí en la tierra ¿por qué nosotros no? tenemos que esforzarnos día a día en agradar a Dios para que nuestra vida sea de bendición, y cuando vengan los días malos podamos tener paz, ya que tenemos la ayuda infinita de nuestro Padre Celestial.

Oración del Día

Acto de esperanza

Señor Dios mío, espero por tu gracia la remisión de todos mis pecados;

y después de esta vida, alcanzar la eterna felicidad, a tu lado y por siempre

porque Tú lo prometiste, ya que eres infinitamente poderoso, fiel, benigno,

lleno de misericordia y en ti no hay mentira alguna. Te amo eternamente,

eres lo más importante en mi vida, te necesito en mi familia,

en mi entorno en mi mente y en todo lo que me rodea.

Quiero vivir y morir en esta esperanza. Amén.

Salmos 22: 1-10

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.

Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.

Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

Más yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:

Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.

Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.

Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.

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