Evangelio del Día 21 de julio del 2020

Evangelio según San Mateo 8,28-34

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los Gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?”
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.

Los demonios suplicaron a Jesús: “Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara”.  Él les dijo: “Vayan”. Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron. Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Como muchos sabemos la historia de Jesús es muy larga y extensa, desde que fue bautizado en el río Jordán, hasta su muerte transcurrieron 3 años en los que paseaba de ciudad en ciudad mostrando los prodigios que su Padre le había encomendado, siempre se encontraba con numerosos casos de personas enfermas, ciudadanos endemoniados y hasta personas que habían muerto, y su misericordia los alcanzaba sanándolos y dándoles una nueva oportunidad de poder seguir su camino.

Muchos fueron los prodigios, entre ellos: sacarle una cantidad de demonios a una persona que estaba siendo atormentada desde hace mucho tiempo, pero esto es muy interesante, mientras Jesucristo reprendía los demonios, ellos gritaban “no nos atormentes antes de tiempo ¡hijo de David!” reconociendo la grandeza de Dios en todas sus formas y haciéndole saber a la multitud que realmente era el hijo de Dios.

Aunado a eso vemos el poder de Dios ante todas las cosas debido a que nuestro Padre celestial le dio todo dominio a su hijo, venciendo a las tinieblas y coronándose de gran Gloria sentado a la diestra del trono celestial.

Oración del Día

Gloria a Dios

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque solo tú eres Santo, solo tú Señor, solo tú Altísimo, Jesucristo,

Nada podríamos lograr si no fuese por tu inmensa misericordia.

Ten piedad de nosotros, aleja toda maldad de nuestros corazones.

Ayúdanos a ser mejores siervos cada día para enaltecer tu nombre.

No nos dejes caer en tentación, líbranos del mal.

Tuyo es el reino, el poder y el dominó, toda persona debe rendirse ante tu majestuosidad.

Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre, Amén.

Salmos 24: 1-10

De Jehová es la tierra y su plenitud;
El mundo, y los que en él habitan.

Porque él la fundó sobre los mares,
Y la afirmó sobre los ríos.

¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?

El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.

Él recibirá bendición de Jehová,
Y justicia del Dios de salvación.

Tal es la generación de los que le buscan,
De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
Él es el Rey de la gloria. Selah

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