Evangelio del Día 17 de octubre del 2020

Evangelio Según San Marcos 14: 43-65

Todavía estaba hablando Jesús cuando Judas, uno de los doce discípulos, llegó acompañado de mucha gente armada con espadas y con palos. Iban de parte de los jefes de los sacerdotes, de los maestros de la ley y de los ancianos.  Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, ese es; arréstenlo y llévenselo bien sujeto.» Así que se acercó a Jesús y le dijo: ¡Maestro! Y lo besó. Entonces le echaron mano a Jesús y lo arrestaron.

Pero uno de los que estaban allí sacó su espada y le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote. Y Jesús preguntó a la gente: ¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos a arrestarme, como si yo fuera un bandido? Todos los días he estado entre ustedes enseñando en el templo, y nunca me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras. Todos los discípulos dejaron solo a Jesús, y huyeron.

Llevaron entonces a Jesús ante el sumo sacerdote, y se juntaron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley. Pedro lo siguió de lejos hasta dentro del patio de la casa del sumo sacerdote, y se quedó sentado con los guardianes del templo, calentándose junto al fuego.

Los jefes de los sacerdotes y toda la Junta Suprema buscaban alguna prueba para condenar a muerte a Jesús; pero no la encontraban. Porque aunque muchos presentaban falsos testimonios contra él, se contradecían unos a otros. Algunos se levantaron y lo acusaron falsamente, diciendo:

Nosotros lo hemos oído decir: “Yo voy a destruir este templo que hicieron los hombres, y en tres días levantaré otro no hecho por los hombres.” Pero ni aun así estaban de acuerdo en lo que decían.

Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio de todos, y preguntó a Jesús: ¿No contestas nada? ¿Qué es esto que están diciendo contra ti? Pero Jesús se quedó callado, sin contestar nada. El sumo sacerdote volvió a preguntarle: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Dios bendito? Jesús le dijo: Sí, yo soy. Y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas en señal de indignación, y dijo: ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ustedes lo han oído decir palabras ofensivas contra Dios. ¿Qué les parece? Todos estuvieron de acuerdo en que era culpable y debía morir. Algunos comenzaron a escupirlo, y a taparle los ojos y golpearlo, diciéndole: ¡Adivina quién te pegó! Y los guardianes del templo le pegaron en la cara.

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Ya Jesús se había resignado a su propósito, ya solo quedaba pasar ese trago amargo que le tocaría vivir, ya que con su muerte daría vida a todos en el mundo. Tristemente el maestro vio y se enfrentó a la realidad de su situación donde todos sus discípulos huyeron, y muchas personas empezaron a acusarlo de cosas que no había cometido.

Nos podemos preguntar ¿por qué Jesús no se defendía de lo que le decían los religiosos? y es que él no tenía nada que decir, él predicó y enseñó con su vida y con su ejemplo, cualquier palabra que dijese no la iban a tomar. A demás él no iba a interrumpir el plan perfecto de su Padre, solo dijo que él era el Hijo de Dios y eso fue suficiente para acusarlo de blasfema.

Tienen que saber que realmente los que lo estaban acusando y los que produjeron su muerte, eran los religiosos, saduceos y fariseos; los mismos que buscaban contradecirle en sus prédicas y los mismos que estaban buscando desde el principio su muerte. Luego se lavarían las manos entregando a Jesús a las autoridades.

Oración del Día

Yo confieso

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos

Que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por eso ruego a Jesús, a los ángeles, y al Espíritu Santo,

que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

Salmos 15: 1-5

Señor, ¿quién puede residir en tu santuario?,
¿quién puede habitar en tu santo monte?

Solo el que vive sin tacha y practica la justicia;
el que dice la verdad de todo corazón;

el que no habla mal de nadie;
el que no hace daño a su amigo
ni ofende a su vecino;

el que mira con desprecio a quien desprecio merece,
pero honra a quien honra al Señor;
el que cumple sus promesas aunque le vaya mal;

el que presta su dinero sin exigir intereses;
el que no acepta soborno en contra del inocente.
El que así vive, jamás caerá.

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