Evangelio del Día 12 de noviembre del 2020

Evangelio Según San Juan 5: 30-47

Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado. Si yo diera testimonio en favor mío, mi testimonio no valdría como prueba. Pero hay otro que da testimonio en favor mío, y me consta que su testimonio sí vale como prueba. Ustedes enviaron a preguntarle a Juan, y él dio testimonio a favor de la verdad. Pero yo no dependo del testimonio de ningún hombre.

Solo digo esto para que ustedes alcancen la salvación. Juan era como una lámpara que ardía y alumbraba, y ustedes quisieron gozar de su luz por un corto tiempo. Pero tengo a mi favor un testimonio más valioso que el de Juan. Lo que yo hago, que es lo que el Padre me encargó que hiciera, comprueba que de veras el Padre me ha enviado. Y también el Padre, que me ha enviado, da testimonio a mi favor, a pesar de que ustedes nunca han oído su voz ni lo han visto, ni dejan que su palabra permanezca en ustedes, porque no creen en aquel que el Padre envió.

Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado, porque esperan encontrar en ellas la vida eterna; sin embargo, aunque las Escrituras dan testimonio de mí, ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida. »Yo no acepto gloria que venga de los hombres. Además, los conozco a ustedes y sé que no tienen el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me aceptan; en cambio, si viniera otro en nombre propio, a ese lo aceptarían.

¿Cómo pueden creer ustedes, si reciben gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que viene del Dios único? No crean que yo los voy a acusar delante de mi Padre; el que los acusa es Moisés mismo, en quien ustedes han puesto su confianza. Porque si ustedes le creyeran a Moisés, también me creerían a mí, porque Moisés escribió acerca de mí. Pero si no creen lo que él escribió, ¿cómo van a creer lo que yo les digo?»

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Jesús aclara que aunque toda Gloria, Honra y alabanza, se la entregó Dios en sus manos, igual él no puede hacer nada si no es por la voluntad de su Padre, Jesús enseña que él juzga según lo que su Padre le ordene; cabe señalar que nadie es venerado por el testimonio propio, es más factible que la gente crea en un individuo si otras personas dan fe de su testimonio y la Gloria que ha derramado Dios sobre él.

De esta manera se correrá la voz de manera más rápida y será bien recibido donde quiera que vaya, aunque todos los profetas incluyendo Juan el Bautista dieron testimonio de Jesús, él no se basaba solo en eso, sino preferiblemente en el testimonio que daba Dios de su persona.

Es impresionante como los escribas y fariseos conocían las escrituras pero las tomaban como beneficio personal, no para el bien de las multitudes, aun ellos conociendo las leyes mosaicas no creían en Jesús, sabiendo muy bien que el propio Moisés había escrito de Jesús en su tiempo de vida.

Aquí podemos ver como estos malos judíos tenían retorcidas sus mentes llenas de odio y orgullo, tanto así que no los dejaban ver que frente a sus ojos estaba el propio hijo de Dios, y de hecho, hasta el sol de hoy muchos judíos todavía no creen que el mesías allá venido.

Oración del Día

Acto de esperanza

Señor Dios mío, espero por tu gracia la remisión de todos mis pecados;

y después de esta vida, alcanzar la eterna felicidad, a tu lado y por siempre

porque Tú lo prometiste, ya que eres infinitamente poderoso, fiel, benigno,

lleno de misericordia y en ti no hay mentira alguna. Te amo eternamente,

eres lo más importante en mi vida, te necesito en mi familia,

en mi entorno en mi mente y en todo lo que me rodea.

Quiero vivir y morir en esta esperanza. Amén.

Salmos 38: 01-09

Jehová, no me reprendas en tu furor,
Ni me castigues en tu ira.

Porque tus saetas cayeron sobre mí,
Y sobre mí ha descendido tu mano.

Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.

Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza;
Como carga pesada se han agravado sobre mí.

Hieden y supuran mis llagas,
A causa de mi locura.

Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera,
Ando enlutado todo el día.

Porque mis lomos están llenos de ardor,
Y nada hay sano en mi carne.

Estoy debilitado y molido en gran manera;
Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.

Señor, delante de ti están todos mis deseos,
Y mi suspiro no te es oculto.

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