Evangelio del Día 11 de octubre del 2020

Evangelio Según San Marcos 11: 15-19

Después que llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas; y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas.

Luego se puso a enseñar, diciendo: En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones.

Al oír esto, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley comenzaron a buscar la manera de matar a Jesús, porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de su enseñanza. Pero al llegar la noche, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Jesús era muy, pero muy celoso con las cosas de su Padre, cuando llegó al templo donde se supone que se debería alabar a Dios lo que encontró fue un mercado donde la gente vendía de todo, y era un total desastre donde irrespetaban el lugar santo. Esa fue una de las tantas veces donde la biblia registra que Jesús se enfureció (si amigo que me lees, el hijo de Dios también se molestaba como cualquier persona).

A todas estas, los mercaderes, fariseos y religiosos se molestaron mucho porque prácticamente el maestro les había quitado su negocio sucio, porque hasta los saduceos se beneficiaban de dichas ventas ilícitas en la casa de Jehová, por eso es que Jesús no se equivocaba al decir que Dios estaba en sus bocas pero muy lejos de sus corazones.

Después de ello, querían y estaban buscan la forma de arrestarlo y matarlo, los religiosos estaban ideando un plan junto con los gobernantes para acusar a Jesús de blasfema y alterar el orden público. Ahora, ¿cómo podemos llevar esta situación a la actualidad?, no podemos negociar de ninguna manera con las cosas de Dios, hacernos ricos o prósperos a causa del nombre de Jesús no es bueno.

Y con esto no estamos diciendo que tener dinero sea malo, ¡por supuesto que no! Pero una cosa es que Dios nos bendiga y nos prospere con la obra de nuestras manos, y otra muy distinta es que queramos aprovecharnos de las cosas en donde se involucra Dios. Tengamos mucho cuidado con esto porque la misma palabra dice que hay que darle al cesar lo que es del cesar, y a Dios lo que es de Dios.

Oración del Día

Acto de arrepentimiento

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco,

principalmente porque te ofendí, eres digno de amor por encima de todas las cosas.

Por eso propongo firmemente, con ayuda de Tu gracia, no pecar más y huir de toda ocasión de pecado.

Me propongo también apartarme del camino malo, empezar a caminar en tu voluntad

Ayúdame a cambiar de dirección, a cambiar mi vida y darte la gloria en todo,

porque mereces gloria, honra, alabanza, adoración y todo mi corazón,

Prometo estar más cerca de ti de ahora en adelante, para aprender de Jesús

Y manda a tu Espíritu Santo a que me guie a hacer el bien en tu nombre Amén.

Salmos 9: 1-14

Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón;
Contaré todas tus maravillas.

Me alegraré y me regocijaré en ti;
Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.

Mis enemigos volvieron atrás;
Cayeron y perecieron delante de ti.

Porque has mantenido mi derecho y mi causa;
Te has sentado en el trono juzgando con justicia.

Reprendiste a las naciones, destruiste al malo,
Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre.

Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre;
Y las ciudades que derribaste,
Su memoria pereció con ellas.

Pero Jehová permanecerá para siempre;
Ha dispuesto su trono para juicio.

Él juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con rectitud.

Jehová será refugio del pobre,
Refugio para el tiempo de angustia.

En ti confiarán los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.

Cantad a Jehová, que habita en Sion;
Publicad entre los pueblos sus obras.

Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos;
No se olvidó del clamor de los afligidos.

Ten misericordia de mí, Jehová;
Mira mi aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen,
Tú que me levantas de las puertas de la muerte,

Para que cuente yo todas tus alabanzas
En las puertas de la hija de Sion,
Y me gocé en tu salvación.

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