Evangelio del Día 04 de noviembre del 2020

Evangelio Según San Juan 4: 16-42

Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.

Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. La mujer le dijo: Yo sé que va a venir el Mesías (es decir, el Cristo); y cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dijo:

Ese soy yo, el mismo que habla contigo. En esto llegaron sus discípulos, y se quedaron extrañados de que Jesús estuviera hablando con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué estaba conversando con ella. La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.

¿No será este el Mesías? Entonces salieron del pueblo y fueron a donde estaba Jesús. Mientras tanto, los discípulos le rogaban: Maestro, come algo. Pero él les dijo: Yo tengo una comida, que ustedes no conocen. Los discípulos comenzaron a preguntarse unos a otros: ¿Será que le habrán traído algo de comer? Pero Jesús les dijo:

Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo. Ustedes dicen: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”; pero yo les digo que se fijen en los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha. El que trabaja en la cosecha recibe su paga, y la cosecha que recoge es para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que cosecha se alegren juntamente.

Pues bien dice el dicho, que “Unos siembran y otros cosechan.” Y yo los envié a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo; otros fueron los que trabajaron, y ustedes son los que se han beneficiado del trabajo de ellos.

Muchos de los habitantes de aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por lo que les había asegurado la mujer: Me ha dicho todo lo que he hecho. Así que, cuando los samaritanos llegaron, rogaron a Jesús que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchos más creyeron al oír lo que él mismo decía. Y dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solamente por lo que tú nos dijiste, sino también porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que de veras es el Salvador del mundo.»

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Lo que Dios busca de su pueblo es que lo amen con un alma genuina, que lo hagan con la mayor voluntad posible, si él no lo fuese querido así simplemente fuera creado robots con la simple función de servirle y adorarle día y noche, pero un robot no tiene sentimientos, por eso los humanos debemos buscar de Jesús con amor en nuestros corazones para que él se sienta agradado.

Al final de todo él es nuestro Padre, nosotros somos su máxima creación y en su momento nos dará todo lo que necesitamos, Dios es perfecto y su tiempo nunca cambia, él es el Alfa y el Omega, siempre ha existido y siempre existirá.

Nosotros como humanos debemos cumplir con los mandamientos que nos manda la palabra de Dios, de hecho, si los cumplimos tendremos una vida más feliz y alegre porque estamos siguiendo los parámetros reales y nos evitaremos muchos sufrimientos.

La Biblia es un manual de cómo saber vivir día a día, nos enseña a tener paz en medio de las tormentas, nos da estrategias, es más, hasta nos explica como habitar correctamente en este mundo, así que no lo dudes más, dedícale un tiempo a Dios para escucharlo a través de su palabra y te encantará.

Oración del Día

Yo confieso

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos

Que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por eso ruego a al Padre delante su hijo Jesús y al Espíritu Santo,

Que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

Que perdonen todas mis iniquidades y se acuerden de mí.

Que tengan misericordia cada día para restituir mi corazón. Amen

Salmos 30: 1-6

Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado,
Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí.

Jehová Dios mío,
A ti clamé, y me sanaste.

Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol;
Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.

Cantad a Jehová, vosotros sus santos,
Y celebrad la memoria de su santidad.

Porque un momento será su ira,
Pero su favor dura toda la vida.
Por la noche durará el lloro,
Y a la mañana vendrá la alegría.

En mi prosperidad dije yo:
No seré jamás conmovido,

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