Evangelio del Día 01 de noviembre del 2020

Evangelio Según San Juan 3: 31-36

El que viene de arriba está sobre todos. El que es de la tierra es terrenal, y habla de las cosas de la tierra. Pero el que viene del cielo está sobre todos, y da testimonio de lo que ha visto y oído; pero nadie acepta su testimonio. Pero si alguien lo acepta, confirma con ello que Dios dice la verdad; pues el que ha sido enviado por Dios, habla las palabras de Dios, porque Dios da abundantemente su Espíritu.

El Padre ama al Hijo, y le ha dado poder sobre todas las cosas. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; pero el que no quiere creer en el Hijo, no tendrá esa vida, sino que recibirá el terrible castigo de Dios.

Reflexión sobre el Evangelio del Día

Todos sabemos que Jesús fue enviado por su Padre a cumplir su voluntad en la tierra para el perdón de la humanidad, Cristo era en el principio con Dios, de hecho todas las cosas por él fueron creadas, él está desde la fundación del mundo al lado de su Padre, ellos tomaron la decisión de que Jesús viniera a la tierra para vencer a la muerte y tomar todo dominio y potestad sobre satanás y los demonios, es por eso que él dice que el que es del cielo habla cosas celestiales, más el que es de la tierra cosas terrenales habla.

Además en este pasaje Jesús es un poco fuerte en cuanto al que no lo acepta como hijo de Dios, no debemos verlo de una manera condenatoria, sino más bien verlo como una oportunidad que nos da para hacer las cosas bien, al final, cada mañana es una nueva oportunidad que nos brinda nuestro creador para que lo busquemos con todo nuestro corazón.

Pero si lo que deseamos es hacer el mal, no ser humildes, sino más bien tener un alma vanidosa, Dios no se sentirá bien con eso, por tal motivo en su momento dará la paga tanto a los justos como a los injustos.

Busquemos el rostro de Jesús cada mañana, hagamos el bien, no por obligación sino de manera genuina, sigamos el ejemplo que él nos dejó cuando vino a la tierra, respetemos a nuestros padres, amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no seamos orgullosos, ni vanidosos, respetemos a nuestros superiores, hagamos todo esto de buena intención y recibiremos el galardón que Dios tiene preparado para sus hijos, ¡Dios te Bendiga!

Oración del Día

Gloria a Dios

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque solo tú eres Santo, solo tú Señor, solo tú Altísimo, Jesucristo,

Nada podríamos lograr si no fuese por tu inmensa misericordia.

Ten piedad de nosotros, aleja toda maldad de nuestros corazones.

Ayúdanos a ser mejores siervos cada día para enaltecer tu nombre.

No nos dejes caer en tentación, líbranos del mal. Tuyo es el reino,

El poder y el dominó, toda persona debe rendirse ante tu majestuosidad.

Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre, Amén.

Salmos 28: 1-9

A ti clamaré, oh Jehová.
Roca mía, no te desentiendas de mí,
Para que no sea yo, dejándome tú,
Semejante a los que descienden al sepulcro.

Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,
Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.

No me arrebates juntamente con los malos,
Y con los que hacen iniquidad,
Los cuales hablan paz con sus prójimos,
Pero la maldad está en su corazón.

Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos;
Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.

Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová,
Ni a la obra de sus manos,
El los derribará, y no los edificará.

Bendito sea Jehová,
Que oyó la voz de mis ruegos.

Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré.

Jehová es la fortaleza de su pueblo,
Y el refugio salvador de su ungido.

Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad;
Y pastoréales y susténtales para siempre.

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